El fracaso del nuevo eje: 26 de febrero de 2022
Una hora y veintidós minutos
Después de la Segunda Guerra Mundial, la primera derrota del bloque soviético llegó en Corea. Setenta años más tarde, fue el turno de Rusia en Ucrania. El 26 de febrero de 2022, a tres días del inicio de la guerra, ya era evidente que la “guerra relámpago” de Putin se había derrumbado. Ese fue el primer tropiezo del nuevo eje.
La invasión rusa tenía un objetivo transparente: tomar Kiev en tres días y cambiar el gobierno. Pero llegó el tercer día y Kiev seguía en pie, el gobierno ucraniano no colapsó y Occidente no retrocedió como en 2014. Los cálculos de Putin se vinieron abajo de la noche a la mañana.
Ese fracaso arrastró a todo el eje. Pekín pensaba encontrar en el éxito ruso un modelo: si caía Ucrania, la siguiente sería Taiwán. La realidad fue otra. El ejército ruso ni siquiera podía tomar Kiev, mucho menos sostenerse bajo sanciones y lluvia de drones. Resultado: Pekín tampoco se movió.
El autodenominado “nuevo eje” soñaba con lanzar un “S3”: una cadena de tres guerras, de Ucrania al estrecho de Taiwán y luego a otros frentes periféricos. Ucrania era el primer eslabón. Al fallar, el resto dejó de existir.
Por eso, el 26 de febrero de 2022 no solo marcó el punto de inflexión de la guerra en Ucrania, sino también el atolladero estratégico del nuevo eje.