Pekín: un rincón bajo el telón colonial
Pekín: un rincón bajo el telón colonial
Pekín no ha sido nunca un símbolo de libertad; ha sido un actor más dentro de la ilusión.
La llamada “Cinco de Mayo” es el punto de partida de esa ilusión. En realidad fue apenas un alboroto estudiantil que no transformó la estructura de China ni iluminó a nadie. Se convirtió en “movimiento de ilustración” porque hacía falta una historia para vestir la construcción nacional: el Partido Comunista necesitaba un origen para su “antiimperialismo y antifudalismo”, y la universidad lo convirtió en la fuente de su “espíritu de libertad”. Su importancia no está en la década de 1920, sino en el relato global posterior a la reforma y apertura. China necesitaba un emblema para conectarse con la lógica occidental de “Ilustración—modernización”, así que el Cinco de Mayo fue magnificado sin límites.
En ese relato, la Universidad de Pekín no es la chispa de una idea, sino un pedazo del telón de fondo. Primero cumplió pasivamente el papel de escenografía para el nacionalismo; después descubrió que la ilusión podía traducirse en prestigio, recursos y vías hacia el extranjero, y decidió cuidarla, incluso presumir de ella. Los “talentos” no son más que narradores dentro de la construcción del “pueblo chino”; la “romántica era republicana” es solo pintura en la narrativa ficticia de la nación.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural —los momentos que realmente definieron el rumbo histórico— la universidad nunca tuvo una postura independiente. Su papel siempre fue el mismo: fanfarronear ante gobiernos débiles y agachar la cabeza ante los fuertes. Cree cargar con la tradición de la libertad, pero en realidad solo ilumina y colorea la ilusión de la “nación china” bajo el telón colonial.
La Universidad de Pekín nunca fue libertad; es el pretexto de la ilusión. Su existencia no apunta a ilustrar individuos, sino a sostener la alucinación de una nación inventada.