Perro come perro: la blanqueada de Li Ka-shing
Qué bien: un pleito entre perros
Li Ka-shing nunca fue un “buen hombre”. Fue el guante blanco de China: se elevó gracias al orden colonial y a la connivencia con el poder, unió la prosperidad de Hong Kong con la mano de obra barata del continente y completó ronda tras ronda de saqueo.
Cuando China cambió de generación, él también se retiró a tiempo. Trasladó sus activos con total limpieza y dejó la imagen de “empresario patriota”. La lógica del blanqueo es sencilla: el enemigo de hoy hace que el explotador de ayer parezca un amigo.
Lo ridículo es que, en medio de las penurias actuales, muchos chinos empiezan a añorarlo e incluso a elogiarlo. Como si comparar el mal de hoy convirtiera la explotación de ayer en algo bueno.
Esto es perro come perro. Cambia el perro y la gente cree que el anterior era más dócil. Pero la lógica de morder nunca ha cambiado.