Vietnam hará con China lo que China hizo con la Unión Soviética
Quien vive de la traición termina siendo traicionado
En 1949 el régimen chino fue levantado por la Unión Soviética. Ejército, instituciones, asesores, alimentos: todo dependía de Moscú. La supuesta “independencia” era pura ilusión. A mediados de los sesenta, China estaba al borde del colapso por el Gran Hambre y la Revolución Cultural, y la URSS ya no tenía fuerza para seguir sosteniéndola. Pekín entendió que seguir atada al carro soviético significaba morir con él. Por eso provocó choques fronterizos y luego se inclinó hacia Estados Unidos. La visita de Nixon en 1972 no fue una victoria sino la consumación de la traición: el Partido Comunista vendió a su metrópoli a cambio de granos, tecnología y mercado estadounidense para prolongar su vida.
La relación actual entre Vietnam y China es igual de falsa. Pekín repite el eslogan de “camaradas y hermanos”, pero en la memoria histórica vietnamita China nunca fue un hermano, sino una amenaza. Desde los siglos de subordinación hasta la guerra de 1979, Vietnam sabe que China es un vecino peligroso. La “alianza socialista” es puro maquillaje. Las disputas en el Mar de China Meridional rompieron la farsa, y con la desaceleración china mucho menos podrá proveer desarrollo o seguridad.
Vietnam solo puede obtener lo que necesita de Estados Unidos. El mercado estadounidense está absorbiendo su manufactura y la relación militar bilateral sigue ampliándose. Igual que hizo China en el pasado, Vietnam no busca consignas ideológicas sino una salida vital. Llegado el momento, arrancará la máscara de la hermandad socialista, dejará a China de lado y se volverá hacia Washington.
La lógica histórica no es compleja. El Partido Comunista fue un perdedor de la Guerra Fría que sobrevivió traicionando a su metrópoli. La China de hoy, en declive, se convertirá en la traicionada. Vietnam no se hundirá con ella; como hizo el propio Partido en los setenta, girará sin vacilar hacia el otro lado del mundo.